Mi primera experiencia ( II )
Cuando mi tía María me despedía desde el recibidor a oscuras
para que no la vieran los vecinos con la puerta entreabierta
se me rompía el corazón.
Tenía 13 años, había hecho el amor por primera vez, con la mujer que
tanto había deseado, una mujer bella, madura, de cerca de 40 años de edad, sensual ...
Y marcharme era increiblemente duro. Quería seguir allí, tendido en su cama, con mi tía María sentada a horcajadas dencima de mí, acariciando sus pechos con mis manos, su espalda, dejándola hacer ....
Me pidió que no se me ocurriera volver nunca a verla solo. No sabía qué había pasado, porque lo había hecho ... ahora era ella la que me pedía que no se me ocurriera contárselo nunca a nadie ... si mi madre, el resto de mis tías, mis abuelos se enteraran, el drama que se viviría en mi familia sería trágico, un cisma familiar, en el que mi tía llevaría la peor
parte, quedaría como la seductora, la abusodara de menores, de su sobrino ... cuando lo que había hecho era hacerme el hombre más feliz del mundo ... al menos por un par de horas ... porque ahora estaba desolado.
A regañadientes logré hacerle caso, bajé los nueve pisos y salí a la calle. Lloraba. A pesar del inmenso placer y cariño que había recibido, ahora estaba histérico, exultante, no sabía si feliz o deprimido.
Deambulé por la calle durante horas hasta que volví a casa. No me atrevía a subir. En el fondo me sentía culpable. Pensaba en mi tía, en lo que supondría para ella haber engañado a su marido con su sobrino de trece años ...
Cuando subí no había muy buenas caras por casa. Les habían llamado del colegio diciendo que no había ido ... también en eso era mi primera vez, la primera vez que hacía pellas ... y no tenía excusa. No había ido a jugar al fútbol, ni a fumar, ni robaba, ni me drogaba ... tan sólo había hecho el amor con mi tía ... pero estaba completamente seguro de que mis padres habrían preferido que les contara que me drogaba, que robaba, que era víctima de malos tratos, o cualquier otro drama social antes que enterarse de lo que había pasado entre mi tía y yo.
No abrí la boca. Nunca supieron qué había hecho durante mis pellas. Me presionaron durante días, semanas, me castigaron con severidad, pero sufrí todo en silencio.
Y finalmente, al cabo de aproximadamente un mes, la tensión se relajó. Olvidaron el asunto, considerarían que había sido una chiquillada, y levantaron el castigo.
Y empezaron mis fantasías. volvía a desearla. A todas horas pensaba en ella, en sus caricias, su vientre plano aplastado contra el mío, sus senos llenándome la boca, su sabor salado, duro, la suavidad de su piel ... su
carne de gallina, los besos en la nuca ... y su mano rodeando mi sexo, mis nalgas ... la gloria de sus labios ardientes sobre mi cuello, mi espalda ...
Aún ahora, casi 17 años después, sigo excitándome cada vez que lo pienso. Tía María ... mi primera amante ... la más increíble, sexy y fogosa ... la más dulce y cariñosa ... la más secreta de todas las amantes ...
Un día al llegar a clase los piquetes de estudiantes no nos dejaban pasar al colegio. Huelga de estudiantes. Hoy no habría llamada a casa. Excusa perfecta ...
Llamé al timbre. Había corrido durante aproximadamante diez minutos para llegar al portal de mi tía y jadeaba.
- Sí, quién es.- El corazón me pegó un vuelco. Su dulce voz a través del telefonillo ...
- Tía ... soy yo. Ábreme. Tu sobrino ...
- Qué? Vete, vete, vete .- Apenas me llegaba un hilo de voz ...
- Abre, por favor ... yo ...
- No. Vete. Voy a colgar.
- Tía María. Viene un vecino ... abre ...
Entré. Como la última vez, hacía ya más de un mes, subí los 9 pisos corriendo. Llegué colorado, sudando ... y muy excitado.
Allí estaba ella. Oculta tras la puerta entreabierta. Pasé sin decir nada.
La puerta se cerró a mi espalda. La espalda de mi tía apoyada contra la puerta.
- Qué haces aquí ... estás loco .... tienes que irte ... no es posible ...
Estaba ciego de pasión. No escuchaba lo que me decía. Sólo la miraba ... sus ojazos negros, grandes, redondos ... que ahora me miraban con miedo ... su pelo negro ... corto ... su cuello largo ... fino ... sus labios que se movían aunque no supiera lo que decían ... y ... no podía ser cierta tanta fortuna ... tan solo llevaba una toalla enroscada a su cuerpo ... a la altura de los hombros, anchos, redondos .... y por encima de las rodillas ... se sujetaba la toalla fuerte, apretando los brazos contra el cuerpo .... se adivinaban sus pechos bajo la toalla ...
La besé .... en medio de una de sus frases recriminando mi actitud la besé ... la cogía la cabeza con las dos manos y la besé ... al principio se resistió ... intentaba echar la cabeza hacia atrás ... pero como estaba apoyada contra la puerta no era posible. Finalmente sus labios se fueron relajando ... entreabriendo ... hasta corresponderme .... con un beso largo, profundo, húmedo ... sentía como me vaciaba ... todo mi ser fluía por mi boca y pasaba a formar parte de ella ... me sentía ligero ... dormido ... intenté quitarle la toalla, pero mientras me besaba seguía haciendo fuerza con los brazos ... aún tendría que vencer algo de su reticencia ... la acaricié por encima de la toalla ... la cintura ... los pechos ... sentía que su cuerpo vibraba al contacto de la punta de mis dedos ... no podría quitarla la toalla .... pero siempre podía meterme debajo de ella ... me arrodillé ... besándola en los muslos ... acariciándola ... poco a poco mis manos y mis labios fueron subiendo por sus piernas, recogiendo la toalla .... hasta que quedó a la altura de su ombligo ... sus piernas se fueron relajando poco a poco, separándose ... su espalda se arqueaba ... subió los brazos, apoyándolos contra la puerta, con los ojos cerrados ... luego una de sus manos bajó ... deshizo el nudo de la toalla .... y la dejó caer. Tenía el sexo húmedo, abierto para mí ... investigué con mis dedos, con mi lengua, durante unos minutos, busqué su clítoris con la lengua ... primero uno, luego dos ... hasta que tres de mis dedos subían y bajaban por su vagina ...
Era demasiado para mí. No sabía como no me había corrido hasta entonces. Me bajé los pantalones como pude, los calzoncillos,
con cuidado de no rozar mi sexo precipitando la eyaculación ... y la penetré ... allí en su recibidor ... contra su puerta ... no duró mucho ... los dos estábamos ya muy excitados ... a punto de irnos .. en unas pocas sacudidas llegué al orgasmo, la sentía jadear, gritar, tenía la cara roja, encendida, ardiendo ... notaba sus convulsiones y su humedad ... hasta
que se detuvo.
Nos quedamos un rato allí, abrazados ... acariciándonos ...
Luego fue andando hacia su habitación, delante de mí. Tenía el culo más redondo, más prieto que había soñado nunca. Su espalda femenina, con forma de guitarra española, sus piernas largas, los muslos apretados, redondos, sin dejar hueco entre ellos ...
La acaricié las nalgas mientras andaba ... llegamos a su habitación. Yo andaba como podía, no había perdido la erección a pesar de que ya hacía unos minutos que había eyaculado. Pero el mero hecho de estar al lado de ella con su cuerpo desnudo me ponía a cien.
Se sentó en la cama. Yo me detuve de pie delante de ella. Me miró y me sonrió ... sacudió la cabeza ...
- Estamos locos .... tienes que irte ... vete ...
- Sabes que no pienso irme ...
La acaricié la mejilla, la frente, las cejas, con suavidad ... Me daba un poco de vergüenza estar allí delante de ella, con aquella erección ... a unos centímetros de su cara ...
- Supongo que no te habrán hecho esto nunca ... - Me dijo ...
- Qué ... ??
Entreabrió los labios un poco .... me acarició las piernas ... la cara interior de los muslos ... los testículos ... luego clavó sus manos en mis nalgas y posó sus labios sobre mi pene .... fue besándolo despacio ... lamiéndolo ... hasta que desapareció en su boca ... creí, con plena convicción que me moriría de placer, que aquello no era posible ...
Como la amé ... nunca la agradecí bastante que me enseñara, que diera tanto placer desintersedamante jugándose tanto ...
Ya sólo la volví a estar con ella una vez más. Después de esa última tarde de sexo me obligó a no verla más. Si acudía a su casa no abría, si la llamaba por teléfono me colgaba, incluso intenté abordarla por la calle un par de veces y me abofeteó con todas sus fuerzas.
Las reuniones familiares eran un infierno. Yo intentaba quedarme a solas con ella, me sentaba a su lado, intentaba acariciarla por debajo de la mesa, en los pasillos ...
Pero finálmente, no se si maduré, abrí los ojos ... pero me di cuenta del infierno que la estaba haciendo pasar. Me había regalado lo más íntimo de su ser, había compartido generosamente su cuerpo, su sexo conmigo, y yo no podía hacerlo aquello. Cualquier día alguien de mi familia se daría cuenta de lo que pasaba. Asi que corté por la raiz. Pasé un año sin verla hasta que aprendí a vivir con su recuerdo y me consideré preparado para poder darla dos besos y charlar con ella de las clases sin que me mis manos me traicionarán lanzándose a su cintura, sus senos ....

anY dijo
Muchas gracias hombre, el animo no podría perderlo, nunca.. que locura!! jeje
Sé que se puede superar, ya no es como antes, pero hay que luchar mucho. Como es la vida ¿verdad?, cuando menos te lo esperas te cambia de sitio, menos mal que mantenemos la compostura.
Oye muy bueno tu relato, has conseguido excitarme (mentalmente) ;)). Le echaré un vistacillo con más detenimiento a tu web, es prometedora.
Un abrazo!!!
25 Junio 2005 | 05:54 PM