Al leer un comentario de Sofía he recordado a la mujer finlandesa que amenizaba, cuando la fortuna jugaba a mi favor, mis trayectos en tren hasta el trabajo.

Era una mujer alta, una cabeza más alta que yo, por lo menos; rubia, con el pelo muy corto; con los ojos claros y grandes, expresivos y vivaces; la boca pequeñita, con los labios sonrosados, finos, delgados, pero perfectamente dibujados; y un cuerpazo de escándalo. Solía vestir minifaldas, con blusas vaporosas, normalmente sin sujetador, o vaqueros, ajustados, con camisetas de algodón también sin sujetador, sobre esto alguna chaqueta o abrigo, dependiendo del tiempo, y zapatos planos. Nunca he visto unas piernas con mejor contorno y piel tan blanca, ni unos pechos más redondos y erguidos como aquellos que se adivinaban detrás de sus camisetas. Nunca deseé tanto ser camiseta como aquellos días que me la encontraba.

Se que es finlandesa porque un día, intrigado por la bella mujer, me aparté un poco del camino de mi trabajo para seguirla y averiguar algo sobre ella. Entró en el instituto, ya no recuerdo bien el nombre, el instituto finlandés para el estudio de la cultura española, o algo así. Igual estoy equivocado, pero creo que no.

Era una mujer culta, siempre iba leyendo clásicos, en castellano, inglés o finés; educada, cedía su asiento si entraba alguna persona perteneciente a los colectivos que agradecen estos detalles, entraba sin empujar al vagón, respetuosa, limpia, pulcra ...

Siempre me quedé con ganas de hablar con ella, pero nunca me atreví. Demasiada mujer para mí. No me la merezco.

Sofía, va por tí, y por la misteriosa mujer; en homenaje a la mujer finlandesa ;) ¿Cómo eres tú?