La ... ¿Mujer? ... qué mirada tan triste ... cuánta soledad.
Hace unos meses, después de varios meses de abstinencia, navegaba por páginas de relax buscando .... ¿sexo? ¿compañia? ¿cariño? ...
Dicen que un gran porcentaje de las personas que compran "relax" no están buscando sexo.
Siempre he sido contrario a la prostitución. Respeto a las personas que por voluntad propia, sin ningún tipo de coacción, han decidido libremente ejercer esa profesión, y respeto a las personas clientes de estas últimas, pero estoy convencido de que de los cientos de miles de personas que se están prostituyendo en España ( y millones en el mundo ), se cuentan con los dedos de las manos los que lo hacen por vocación.
El caso es que atravesaba un bache y mi moral estaba bastante tocada.
Después de mucho buscar, navegar, excitarme con algunas páginas y fotos, sobrecogerme con otras, asquearme en algunos casos, es asombroso la cantidad de "mierda" que hay por Internet, resistir a la tentación de marcar con todas ellas, no se por qué, decidí llamarla a ¿ella? ... ( con todo el conocimiento ... )
Cuando descolgó el teléfono era bastante agradabe y dulce, supongo que su estrategia habitual para cazar clientes. Me gustó, me convenció, me puso ... pensé por qué no probar? Y concerté una cita con ella.
Llegué muy nervioso, azorado, sintiéndome culpable, a su portal. Una casa señorial, en la calle Serrano. Ahí es nada. Estaba excitado, ya antes de subir, y con el pulso muy, muy, muy acelerado. Me temblaban las manos, me palpitaba el corazón, tenía miedo. Miré repetidas veces a uno y otro lado de la calle, esperando no encontrarme con nadie conocido, hasta que me decidí a pulsar el botón. Me abrió sin decir palabra y entré.
El primer mal trago, portero físico.
- Dónde va?
¿Me escapo? ¿Doy media vuelta? ...
- Voy a .... ver a una amiga ...
- Del segundo X, no?
- Eh .... si. Eso es.
Me miró de arriba a abajo con cara de asco.
- Adelante.
Subí a su rellano. Llamé a la puerta. Oí cierto movimiento y trajín ...
pensé que estaría colocando todo y preparando la función ...
La puerta se entreabrió, no mucho, y por el hueco que dejó una silueta oscura, muy alta, se asomó ... cuando mis pupilas se acostumbraron a la oscuridad pude fijarme algo más ... zapatos de tacón ... ligueros ... corpiño ... piel de ébano .... cuerpo escultural ... inmenso ... piernas largas ... melena negra ... ojos negros ... labios carnosos ... me sacaba una cabeza por lo menos ...
¿Ella? También me miró a mi de arriba a abajo ... y me invitó a pasar.
No se de donde saqué el valor, pero pasé. La puerta se cerró a mi espalda.

Finchu dijo
Sigue, me tienes en ascuas
16 Junio 2005 | 03:09 PM